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El problema no es generar esperanza, sino saber gestionarla

  • 30 abr
  • 1 min de lectura

El caso de Mariano Barbacid y su investigación sobre cáncer de páncreas deja una lección incómoda sobre comunicación: no basta con tener un hallazgo prometedor, hay que saber contar exactamente qué significa. Lo que empezó como un avance preclínico relevante —la remisión completa del tumor en 45 ratones— acabó instalado en el espacio público como la antesala de una cura, amplificado además en escenarios de máxima audiencia como El Hormiguero. Y ahí empezó el problema.



La diferencia entre “resultado prometedor” y “solución cercana” parece semántica, pero es estratégica. Especialmente cuando el receptor no es un colega de laboratorio, sino pacientes, familias y opinión pública. El reconocido valor científico del Dr. Barbacid puede morir de éxito en una comunicación precipitada. La retirada posterior del estudio por parte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos por no declarar conflictos de interés no invalida necesariamente la investigación, pero sí erosiona algo más importante: la credibilidad del relato construido alrededor de ella.


Gestionar expectativas es una de las tareas más difíciles de la comunicación. Porque generar atención es fácil; sostener confianza, no. En ciencia, como en empresa o política, prometer antes de tiempo puede darte visibilidad inmediata, pero también multiplica el coste reputacional cuando la realidad pone matices. Y la realidad, casi siempre, los pone.

 
 
 

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