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Las 29 prohibiciones a las mujeres Afganas

Prohibir o controlar descubre lo peor del ser humano. Solo la libertad responsable nos hace humanos. Hoy apareció en TikTok el análisis de una mujer occidental joven sobre las 29 prohibiciones a las que estarán sujetas las mujeres afganas bajo el régimen talibán. No dos, no cuatro, no seis, que ya sería un horror. Veintinueve. Entre ellas no asomarse a las ventanas de su casa, no enseñar ni los tobillos y estar acompañadas continuamente por un hombre guardián. Hasta un pero goza de mayores libertades. Pretender que el mal o el pecado está en lo que es el otro y no en lo cada uno decide, trastorna absolutamente el concepto de bien y mal, universalmente aceptado. Las generaciones europeas del 68 se manifestaban bajo el lema "prohibido prohibir". Los talibanes están en el polo cultural opuesto: "prohibido vivir". Muchos de los jóvenes que se manifestaban en Paris, en Ciudad de México o en la Primavera de Praga, asisten silenciosos a la presencia de la prohibición como sistema de vida. Quizá hay jóvenes sin fronteras, pero hoy carecemos de líderes internacionales sin fronteras.

El Dios en el que creen las grandes religiones monoteístas, si es que existe, yo creo que sí; debe estar absolutamente descorazonado con esta forma de entender el mundo, al ser humano, a la religión y al poder. Estas religiones han creído, aunque no practicado siempre, en la libertad humana como "El gran don otorgado por Dios". Por la sencilla razón de que sin libertad no hay amor, sino obligación. Y sin amor, el concepto de "Dios" se transforma en "tiranía". En nombre de Dios se han cometido los peores daños a la historia, porque precisamente invocar este nombre para dañar al ser humano lleva a las peores catástrofes humanitarias. Veintinueve prohibiciones para demostrar que la mujer, en vez de ser el centro del bien y de la belleza de la humanidad, es el motor de supuestos males generados en los hombres. ¿Puede haber algo más aberrante? ¿Más inhumano? ¿Más blasfemo? Estas prohibiciones son un insulto a la verdad y a la inteligencia, ademas de a cualquier forma de espiritualidad o religión que se precie de serlo. Y una cruz más para un occidente adormecido que ya no despierta ni para protestar por ello. Recibir a cien, a doscientos afganos y darles ciento ochenta días de aceptación en determinados países, no va a salvar a las mujeres afganas. Mujeres que como tantas otras, luchan contra la estupidez, la obcecación y el fanatismo. Ciento ochenta días no paliarán veintinueve prohibiciones que nos inhumanizan y desnaturalizan. Pero para qué nos vamos hasta Afganistán, que nos llena de dolor. Vivimos en un país donde matan a catorce mujeres diarias por el hecho de serlo. Y se comenta esta estadística y el crecimiento de la violencia doméstica durante la pandemia como una anécdota. Veintinueve prohibiciones. Catorce mujeres asesinadas diariamente. Los números no mienten. ¡Occidente, despierta!

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