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¿El fin de las ceremonias?

La pandemia ha cambiado muchas situaciones, pero ¿será posible que cambie algo tan esencial a la naturaleza humana como las ceremonias?


La ceremonia de la entrega de los Óscares 2021, fue un inequívoco signo de falta de creatividad. No por estar en pandemia, tiene que haber poca iluminación, o un escenario realmente raquítico, ni debe desaparecer el espectáculo, ni los esperados discursos carecer de emoción. ¿Dónde quedaron los humoristas, los grandes discursos, los grandes recuerdos, los mensaje de impacto? Desde luego que no se podía contar con una gala para tirar la casa por la ventana, pero se dejó en el olvido la relevancia del momento.


Hacía algunos años que la ceremonia de los Óscares carecía de producciones verdaderamente relevantes. Esta edición contaba con películas de primer nivel como Nomandland, ganadora del Óscar a la mejor película. The Father, con el galardonado Anthony Hopkins; Mank, un tributo a los grandes escritores de guiones cinematográficos. Souls of metal, un emocionante recuerdo para las personas con discapacidad auditiva. Judas y el Mesías negro, una provocadora reivindicación a la integración social. Había de todo, guiones, actores, temáticas, inclusión, pero no hubo ceremonia.


Muy probablemente se quisieron transmitir dos mensajes: estamos en un año difícil donde no ha habido dinero y tenemos que mostrar austeridad por el momento de salud que vivimos. Los dos mensajes, reales hasta las entrañas, podían transmitirse con creatividad, con intensidad, con la pasión propia del cine. Si el cine no es pasión, ¿qué es?


Ni Glenn Close bailando al ritmo de Da butt, después de no ganar el Óscar pese a su excelente actuación en Hillbilly: una elegía rural; logró llenar el espacio de espectáculo que el momento requería. Quedará para la memoria de esta gran actriz y del mismo evento, algo memorable que sólo los grandes artistas pueden hacer: mostrar toda su versatilidad en momentos anodinos. Este fue, por lo demás, el único momento viral de la gran gala esperada por millones de espectadores en todo el mundo.

El ser humano es ritual por naturaleza. Muchos filósofos como Campbell o sociólogos como Levy Strauss, centran en la capacidad ritual la esencia humana. Por ello y porque nos encanta el espectáculo, el mundo de la fama, de la creatividad, del cine, de las emociones propias y ajenas la ceremonia de la Academia se convierte en uno de los eventos más esperados del año junto con el superbowl.


Si el cantautor canadiense The Weeknd pudo presentar algo más que relevante en el medio tiempo del superbowl, ¿por qué los Óscares se quedaron en una presentación más propia de una obra de teatro de secundaria?


A la capacidad ritual del ser humano le debe acompañar la creatividad. En las presentaciones de ayer abundaba el talento, el eco general de la inclusión estaba en cada segundo del evento, y sin embargo todo quedó en discursos fríos, repetitivos y carentes de ilusión. Ni siquiera el juego de adivinar si algunas canciones habían sido nominadas o premiadas, promovido por Tyler Perry, logró levantar de los asientos a nadie. Podía haber sido el gran momento. Por fin, una ceremonia tan acartonada nos hacía sentir en la sala de casa... Pero tampoco logró la emoción.


Sí, estamos pasando por un momento terrible, en el que parece que se ve la luz al final del túnel. Pero no podemos hacer más oscuro el camino ni dejar de encender la ilusión por las grandes creaciones humanas. Podemos estar en una crisis de salud, en un terrible bache económico y en una aguda brecha social, pero no dejemos de ser humanos y de mostrar la capacidad que tenemos de transformar creativamente todo lo que tocamos.


La pandemia se solucionará con las vacunas y las medidas sociales adecuadas. La economía se subirá a la montaña rusa y ascenderá como ha sucedido siempre. Pero la creatividad... la creatividad si se pierde, nos deja sin emociones y sentimientos y ahí si perderemos todo, hasta nuestro sentido ceremonial y ritual.

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